Inteligencia estratégica en protocolo, diplomacia y seguridad

 

 

 

¿Por qué debemos pensar que el protocolo, la diplomacia y la seguridad son unas herramientas imprescindibles en “inteligencia estratégica”?

La “inteligencia estratégica” es un concepto que se aplica al más alto nivel gubernamental y se sustenta principalmente en los propios objetivos nacionales mediante el conocimiento, el análisis e investigación para preservar de forma unánime los derechos nacionales de cada país. Principalmente, la “inteligencia estratégica” pretender poner de manifiesto todas aquellas capacidades, habilidades, incluso vulnerabilidades de las naciones extranjeras y su fin es la creación de un verdadero plan de defensa tanto en tiempos de paz como de guerra. En definitiva, ser “estrategas de forma inteligente” supone un alto nivel de conocimiento con todos aquellos recursos disponibles para crear valor y coherencia; así como un alto grado de sofisticación siempre velando por los intereses nacionales. Cabe destacar dos apartados muy interesantes concernientes al ámbito sociológico y geográfico ya que determinarán el punto de partida para el protocolo, la diplomacia y la seguridad. Por un lado, contamos con la denominada “inteligencia geográfica” donde se analiza e investiga un lugar determinado en lo referente al tema cultural. Es decir, estudiar el comportamiento humano y las relaciones sociales dentro de un marco geográfico específico. Por otro lado, contamos también con la denominada “inteligencia sociológica” donde se tomarán como punto de partida los hábitos y costumbres de una sociedad en concreto.

Llegados a este punto podemos mencionar que dentro de esa “inteligencia estratégica” (basada en aspectos sociológicos y geográficos) podemos hacer referencia al protocolo, la diplomacia y la seguridad por las siguientes razones:

El protocolo es tan antiguo como la propia humanidad. Todas las culturas tienen sus propias normas de comportamiento y usos sociales que hay que respetar con objeto de que la convivencia sea más agradable, efectiva y fructífera. No obstante, se han intentado dar un gran sinfín de definiciones con respecto a protocolo en el transcurso de la historia. Todas podrían ser válidas, pero desafortunadamente no contamos con una unanimidad que determine esta definición desde el campo jurídico, antropológico, social, etc. No existe actualmente ninguna norma general de protocolo con rango de Ley que contemple la realidad actual.

El protocolo se convierte en la llave maestra para actuar no solo de forma “emocionalmente inteligente” sino también para actuar de forma “estratégicamente inteligente” conforme al estudio, el análisis y la investigación previa de un conocimiento palpable que se refleja en el modelo conductual de una sociedad en concreto.

El protocolo es “la ciencia que estudia e investiga las normas y costumbres sociales, con base jurídica, para su correcta ejecución a la hora de trasmitir un mensaje comunicativo determinado en el campo de las relaciones políticas, diplomáticas, empresariales y sociales”. Aquí tenemos ya la clave para usar esa “inteligencia estratégica y emocional” con objeto de salvaguardar y preservar los propios intereses nacionales de cada país ya que el protocolo cuenta con un componente sociológico y antropológico. Son las normas y las costumbres heredadas de una tradición histórica las que se han ido consolidando a lo largo del tiempo.

El protocolo es comunicación y la herramienta perfecta para volcar todo ese legado histórico y cultural que hemos heredado mediante usos, costumbres y normas; aplicándole un ordenamiento jurídico para entablar relaciones multipersonales. Si las investigamos, las analizamos, las entendemos y las comprendemos, se convertirán en una de las armas más poderosas del siglo XXI: “la inteligencia estratégica”.

La diplomacia es política exterior y negociación. En este sentido, se advierte que diplomacia es sinónimo de política exterior y, a su vez, mecanismo y proceso a través del cual se lleva a cabo una negociación internacional. La diplomacia se constituye, pues, como “un elemento esencial en cualquier relación entre naciones” (Harold Nicolson), y no como un invento creado o pasatiempo de algún sistema político determinado. A través del razonamiento, la conciliación y el intercambio de intereses con objeto de frenar e impedir conflictos entre Estados soberanos, la diplomacia se convierte en un medio y no en un fin.

No obstante, la diplomacia cuenta con una serie de vertientes que para la “inteligencia estratégica y emocional” son de vital importancia: “la diplomacia intercultural”. Este tipo de diplomacia emerge por y para las distintas culturas; promoviendo así el entendimiento y respeto mutuo. Sirve de puente de unión y acercamiento entre las culturas para que el respeto, el entendimiento y la consideración coexistan de manera fructífera. La diversidad cultural sólo se entiende a través de la “diplomacia intercultural” que tanto organismos, instituciones, personas o empresas han de conocer en detalle para hacer uno de una verdadera “inteligencia estratégica y emocional” con objeto de convertirse en facilitadores de información y conocimiento exhaustivo.

Protocolo y diplomacia son dos conceptos que van unidos de la mano y sirven de herramienta para gestionar y prevenir cualquier conflicto. La diplomacia es la encargada de “unir puentes” entre los Estados mediante el diálogo y la comunicación con objeto de crear negociaciones fructíferas, de cooperación y colaboración entre Estados. No obstante, el protocolo es el mecanismo que sirve a la diplomacia para su correcta ejecución. Ambos conceptos interaccionan complementándose uno con el otro. De esta manera, sin comunicación no hay diplomacia, pero sin protocolo no hay comunicación.

La seguridad, ese elemento a veces tan abstracto, se convierte en el elemento armonizador que vela por la integridad física de todos los asistentes en un acto u evento determinado. Siempre va de la mano del protocolo y la diplomacia ya que es el encargado de actuar de forma “estratégicamente inteligente” para salvaguardar también los propios intereses y objetivos nacionales de cada país. La seguridad al más alto nivel requiere un alto conocimiento de las partes integrantes, de los intereses implicados y de un análisis pormenorizado que se nutre de ese protocolo social y esa diplomacia intercultural. Actualmente, la seguridad no es un mero elemento para prevenir ya que se convierte en una herramienta estratégica de información que ayuda a arbitrar todo este entramado internacional en el cual estamos inmersos.

La seguridad en su más amplio sentido de la palabra se convierte en una pieza clave en las relaciones interpersonales y nos brinda también información de primer nivel del motivo por los cuáles se está empleando, en qué contexto, y a quién o a quienes se está aplicando.

De esta manera, el trinomio “protocolo-diplomacia-seguridad” son las palabras claves que configuran una verdadera “inteligencia emocional y estratégica” en el siglo XXI. Somos meras fichas de ajedrez en un tablero a veces desconocido, pero son nuestros movimientos y nuestra capacidad de reacción las que nos aportan información para posteriormente analizar e investigar de formar estratégica.

 

Pedro L. Sánchez 
Protocol & Diplomacy Consultancy
www.pedrolsanchezconsultancy.com

 

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