«En el futuro usted será parte de una alianza o estará compitiendo contra una de ellas»

(The Economist)

 

Las alianzas estratégicas son el acuerdo formal entre organizaciones/instituciones/entidades independientes que se comprometen a trabajar y cooperar conjuntamente uniendo sus propias fuerzas, capacidades y recursos en un contexto de incertidumbre con un claro objetivo: el beneficio mutuo y el conjunto de intereses privados. Por todo ello, constituyen una posible respuesta organizativa a todos aquellos retos que plantea el entorno actual sin perder cada entidad participante su propia soberanía y sello de identidad. Además, las alianzas son valiosas como opciones estratégicas para el crecimiento, el conocimiento y el posicionamiento estratégico en el nuevo orden internacional.

Las alianzas estratégicas se presentan como un tipo muy avanzado de intercambio relacional caracterizado por su focalización en acuerdos cooperativos a largo plazo, donde existe un flujo de recursos y capacidades desde los participantes a la alianza para la consecución de objetivos estratégicos comunes e individuales. En este sentido, dichas alianzas se convierten en esfuerzos de colaboración entre dos o más organizaciones que aportan sus recursos en un esfuerzo con objeto de alcanzar unas metas comunes que, sin lugar a dudas, no podrían conseguirse por separado cada una de ellas. Son, por tanto, una herramienta fundamental del management para potenciar estrategias “ganar-ganar” donde las organizaciones mantengan su propio sello de identidad, fortalezcan sus capacidades y sus puntos fuertes, y superen sus carencias.

Las alianzas estratégicas no son nada nuevo. Siempre han estado presentes a lo largo de la historia de la humanidad. No obstante, en pleno siglo XXI los cambios tecnológicos y la era digital en la cual estamos inmersos junto a la afluencia de los nuevos actores en el contexto internacional lo hacen posible. En este mundo globalizado, intercultural e interdependiente, tanto instituciones como organizaciones y entidades público/privadas requieren constantemente unas alianzas estratégicas que definan nuestro ámbito socio-político, económico y geoestratégico para hacer frente a nuevos retos a corto y largo plazo; así como generar cambios en la sociedad.

Hoy en día, las alianzas estratégicas se convierten en una herramienta competitiva de primer orden que añaden “valor” en la esfera nacional e internacional con un claro propósito: obtener una ventaja competitiva sostenible. Si analizamos las lecciones que nos ha dado la propia historia, observamos que todos los ejemplos de alianzas inciden en tres cuestiones principales: los costes, los riesgos y el conocimiento. En palabras de Charles Bartling (1998): las alianzas estratégicas son un acuerdo cooperativo entre dos o más entidades que combinan sus respectivas fortalezas para alcanzar objetivos compatibles mientras retienen sus identidades individuales y comparten los riesgos y recompensas”.

Las alianzas estratégicas permiten que las empresas crezcan y se expandan. Pero, ¿solamente las alianzas estratégicas involucran a las propias empresas? La respuesta es un “no” rotundo ya que pueden formar parte de las alianzas estratégicas clientes, proveedores, inversores y otros stakeholders, centros de investigación, universidades, etc. Llegados a este punto, tenemos la palabra mágica: “la confianza”. Ésta se convertirá en el punto de partida que las entidades deberán determinar la forma de gobierno por la que se regirá la futura alianza. No obstante, junto a la confianza y a la honestidad debemos tener siempre en cuenta la ética y el compromiso relacional para que las alianzas sean duraderas.

La esencia de las alianzas estratégicas no es sólo definir el negocio y el resultado esperado, es seleccionar el socio adecuado. Determinar el socio adecuado consiste en preguntarse cuál es su estructura organizacional, cómo actúa, cómo piensa, qué busca, qué lo motiva, cuáles son sus valores, etc. El valor de dichas alianzas va en perfecta consonancia con la imagen, el poder y el liderazgo. Por todo ello, crear una escenografía estratégica a medida es la respuesta más acertada. En pleno siglo XXI, nos encontramos inmersos en un nuevo escenario internacional sin precedentes convirtiéndonos en piezas claves y estratégicas en un tablero de ajedrez donde nuestros movimientos y acciones repercuten en el sello de identidad de las instituciones, empresas, organismos, corporaciones, etc. que lideramos.

La forma de relacionarnos en cualquier contexto (empresarial, político, social, institucional, etc.) se adapta a pasos agigantados a una realidad patente, cuyo máximo objetivo es transmitir nuestro mensaje estratégico por doquier, estar presentes en el contexto institucional e internacional, y aportar un valor diferencial en este mundo globalizado.

 

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